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¿Son las tendencias de hoy como las conocíamos ayer?

Su exposición en el mundo digital tiene mucho que ver, pero hay más factores detrás de esto. 

No es que este sector viva exclusivamente de las tendencias, pero es evidente que juegan un papel importante y que suponen la expectación de todos los amantes de este mundo. Las cosas cambian, algunas vuelven y otras se rejuvenecen o se reeditan pero, ¿qué está ocurriendo exactamente con el ciclo de las tendencias y su aceleración hoy en día?. Su exposición en el mundo digital tiene mucho que ver, pero hay más factores detrás de esto. 

Para poneros en situación, es necesario entender la diferencia entre las microtendencias, esas de ciclo corto que son pasajeras, y las macrotendencias, aquellas que suelen durar unos cinco años. Cabe apuntar que entre esto, existen tendencias que regresan cíclicamente y otras que permanecen en el olvido. 

Por último, están aquellas tendencias que dejan de ser eso, una tendencia, para convertirse en un estilo de vida o en una identidad de marca. El mejor ejemplo para entender esta situación son las perlas, la inolvidable joya que rescatamos de los joyeros familiares y de la que llevamos editando los códigos de estilo varias temporadas. Desde la clásica perla, a la joya en tamaño XL, la perla barroca o el arte y la creatividad hecha pieza. La moda tiene muchas cosas buenas y una de ellas es la inexistencia de límites a la hora de crear y reinventar. Otro ejemplo que encaja a la perfección es el boom de los aros, una tendencia que si hace unas décadas se enfocaba al estilo urbano, hoy se ha convertido en la joya que no entiende de edades y en esa de la que más variedades existen. Con su regreso ha demostrado que ya no es una tendencia rescatada de los años 2000, si no que ya es un imprescindible en el joyero de cualquier mujer. Aquí empieza la siguiente cuestión, ¿realmente nacen tendencias nuevas? Por supuesto, pero no es el caso de esta temporada, que se ha quedada anclada en el pasado. 

Grace Kelly

La nostalgia es protagonista en la moda y en la joyería y relojería desde el año pasado. Lo hemos visto en los desfiles de las mejores firmas, como el último de Chanel donde los complementos de estilo Vintage eran toda una declaración de intenciones, en el Street Style y en las nuevas colecciones. Hemos rescatado tendencias que nunca pensaríamos que volveríamos a llevar, y se han convertido en un imprescindible. ¿Qué significa esto? Qué estamos consumiendo lo mismo una y otra vez y que esta temporada no es la de la novedad. Claro que esto tampoco es malo, puesto que los años 80, 70 y 60 han cobrado relevancia en nuestras vidas y parece que no nos ha importado mucho. Todo lo que llevamos hoy, ya se ha llevado antes y cuando hablamos de antes, nos referimos a épocas en las que las nuevas generaciones ni siquiera habían nacido. En este caso, ganan protagonismo el exceso, las joyas doradas y el bling bling típico de los años 80, las formas geométricas o los relojes de caja rectangular, los relojes joya y los relojes en su versión más mini con caja fina y correa efecto serpiente. (Quién nos iba a decir que estos relojes volverían a ser objeto de deseo). Así lo dicta Chopard, que acaba de presentar la colección L`Heure du Diamant: ocho relojes joya que evocan a los años setenta. La historia de los relojes joya se remonta a 1960, año en el que la joyería sufre una revolución. El espíritu rebelde y joven de finales de ese año tuvo como consecuencia una nueva ola de modernidad también en la joyería de lujo, lo que supuso una ruptura con la tradicional asociación de las joyas con la élite social dando paso a una nueva clientela más joven, que estaba al día de la moda y el arte y que buscaba unas piezas que encajaran con la nueva libertad de un estilo de vida. 

Chanel
Las nuevas generaciones y el mundo digital

Uno de los principales factores en la nueva manera de consumir y en la acelerada sucesión de las tendencias. Y si hablamos de nuevas generaciones, es evidente que también entran en juego las redes sociales, el nuevo escaparate no solo de la sociedad, si no que también de las marcas. Desde los millennials hasta el nuevo lujo, pasando por el see now, buy now. Las nuevas tendencias llegan casi antes a las redes sociales que a la propia tienda, lo que supone que los ciclos se vuelven más cortos y los consumidores más caprichosos y exigentes: lo ven, lo quieren. 

Las pasarelas se transmiten en directo a través de Instagram, las marcas utilizan esta misma plataforma para ofrecer adelantos de las próximas colecciones o para conocer la opinión del publico y saber que es lo próximo que deben crear para conseguir el éxito; infinidad de cuentas nacen a modo de inspiración y casi se pueden considerar como un archivo en el mundo de la moda, por lo que esto también incita a que adoremos lo que ahora mismo está ocurriendo: la necesidad de llevar todo lo que ya se llevó. Algo que también puede usarse en el sentido contrario, ya que esto es capaz de transmitir que dejemos de ver con los mismos ojos de aceptación algo que se repite demasiadas veces y que no encontramos la manera de lucirlo de una manera que resulte novedosa u original; y es que la personalidad y la originalidad cobran cada vez más fuerza. 

De esta manera, las tendencias se mueven a diferentes velocidades y una de las herramientas para conocer cuánto puede llegar a durar en el mercado una tendencia en concreto es el mundo digital y el estilo de vida de los que consumen estas tecnologías. Y así volvemos al principio, unas tendencias mueren, mientras que otras se resisten y otras se reinventan. 

Así mismo, las nuevas generaciones exigen mucho más que un corto plazo de tiempo para adquirir los productos, si no que buscan accesibilidad a algo que hasta entonces era inviable, las marcas de lujo y alta joyería; también exigen conocer todo lo que hay detrás de una marca y productos originales a través de los cuales puedan mostrar su personalidad. Exigentes sí, pero en una dirección con mucho sentido.

¿Cuándo muere una tendencia?

Cuando todo el mundo las lleva. Así es, no tiene más ciencia que eso. Pero hay maneras y maneras. Algunas tendencias se consumen a un ritmo del que resulta difícil llevar un control, y esas son las mismas que nos acaban cansando a casi la misma velocidad con la que la hemos acogido. Sin embargo, otras se consumen mucho pero con más cariño y “despacito”, haciendo de esta tendencia el complemento de la temporada -o del futuro-. ¿Recuerdan el collar de la inicial de Céline? Se convirtió en tendencia en cuanto fue vista en pasarela por primera vez, aunque en verdad no resultaba algo tan novedoso ya que estos collares, conocidos como “ego collares”, se popularizaron hace 16 años gracias a Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) en Sexo en Nueva York y fueron muchas marcas las que los incluyeron en su colección. Desde entonces, ha regresado varias temporadas y se han reescrito nuevos códigos en numerosas ocasiones. ¿Y qué ocurre en la actualidad? Las iniciales o los collares con nombre ya son mucho más que una tendencia, son una identidad. 

tendencias
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Lo mismo ocurre con los anillos sello, probablemente la joya con más historia y la que une clases y generaciones. La historia se remonta a la antigua Mesopotamia para pasar a ser símbolo de estatus en la aristocracia o en otros géneros como la raza gitana. Más adelante se convirtió, con la llegada del hip hop en los años ochenta en un complemento de decoración. En la actualidad es una de las joyas más deseadas, considerada en un primer momento la tendencia viral de hace dos años para pasar a ser otro imprescindible en el joyero. 

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Un caso diferente es el de las joyas con conchas que el verano pasado invadió las redes sociales. Una tendencia que se convirtió en viral sin ninguna duda y que se consumió rápidamente sin límite de tiempo o de uso. Así es que todos creíamos que su tiempo de vida no superaría ese mismo verano y nos hemos equivocado, han vuelto -o más bien nunca se han ido-. Cierto es que no lo han hecho de la misma manera, ya no existe la novedad ni la originalidad, por lo que quizás este verano si sea el último; lo qué si es seguro es que no se mirarán de la misma manera que el año pasado. 

¿Qué nos depara el futuro? 

El futuro se plantea más cerca que nunca y todos los factores que escriben lo que pasará de aquí a unos años se deberían poner en práctica desde ya y es que el 2019 es el año de la sostenibilidad, un tema que se convertirá en el ADN de marca. Ya sea por cuidar nuestro medioambiente o por escuchar a esas nuevas generaciones que exigen una industria limpia, el utilizar unos materiales en lugar de otros y pensar en la durabilidad de un complemento es el primer paso hacia la sostenibilidad y la ética. 

De otra manera, el futuro está en nuestras manos o, mejor dicho, en nuestras tiendas. Un tema del que ya venimos hablando desde hace tiempo y que cobra cada vez más importancia. Los espacios deben reinventarse, y la tienda tiene que ser un lugar donde vivir experiencias sea tan importante como la venta de un producto. El mundo online seguirá creciendo a pasos agigantados y es un error pensar que por este motivo las tiendas seguirán desapareciendo, al contrario, la fórmula es encontrar la convivencia entre ambos y en abrir la mente hacia nuevos espacios donde la creatividad y las sensaciones son ingredientes clave. A esto se une una nueva forma de diseñar, donde la historia detrás de un producto es imprescindible, es decir, productos útiles, deseables y auténticos con un storytelling emocional. 

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