Sucesos

Una joyería histórica cierra sus puertas en Zaragoza

Nada se ha resistido en el mundo de la relojería a la familia Pérez de Mezquía, que después de 83 años ha decidido cerrar su tienda.

La joyería-relojería Pèrez de Mezquía, en Zaragoza, abría sus puertas en 1935. Después de tantos años y de haber llegado a la tercera generación, la empresa se ve obligada a cerrar el negocio por la caída de las ventas.

Desde relojes de pulsera con complicaciones hasta monumentales controlados por microprocesadores. Nada se ha resistido en el mundo de la relojería a la familia Pérez de Mezquía, que después de 83 años ha decidido cerrar su tienda de la calle de San Miguel de Zaragoza, uniéndose a la lista de comercios históricos que han echado la persiana. En sus fachadas se pueden ver desde hace unos días grandes carteles de liquidación de existencias.

El actual responsable, Fermín Pérez, asegura que han “aguantado” la crisis todo lo que han podido, pero asegura que las ventas de relojería han bajado “muchísimo” y, por tanto, ahora toca a su pesar cerrar el negocio. Pérez incide en que aún no tiene fecha para cerrar, por lo que aún tienen meses por delante para liquidar “a buenos precios”.

Aunque miles de aragoneses se han comprado un reloj o una joya en su tienda a lo largo de tres generaciones, muchos más escuchan a diario la labor callada de su trabajo. Pérez de Mezquía se encarga de que las torres del Pilar y La Seo den la campanadas a tiempo, al igual que la hora exacta en los relojes del Pignatelli, sede del Gobierno de Aragón, de la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ) o en la cercana sede del Banco Santander, en el Coso. También lleva su firma el reloj floral de la plaza de Santa Engracia.

De hecho, es el relojero de las principales instituciones y monumentos de Aragón, para los que hacen obras a su medida a la hora de revivir relojes y torres. Más de un centenar de campanarios han vuelto a dar las horas en iglesias repartidas por todo Aragón, para lo que Pérez de Mezquía ha recurrido a distintas tecnologías, como el carrillón electrónico y los toques de campana programados. De este modo, se puede escuchar el himno de la Virgen del Pilar en Zaragoza o el del primer Viernes de Mayo en Jaca.

Fermín Pérez señala que su última creación permitirá escuchar melodías por megafonía en la casa consistorial y en la iglesia de Fayón gracias a un reloj patrón. Lo que no pudo aclarar es quién se encargará en unos meses de atender los relojes monumentales, de los que quedan menos de una decena de especialistas en España.

Pérez de Mezquía no ha podido resistir la caída de las ventas, como le ha ocurrido a dos de cada tres joyerías de la ciudad en la última década. En su caso, se une el hecho de que sea un negocio histórico, aunque el goteo de cierre de referencias comerciales en Zaragoza ha sido constante.

Muchos profesionales del sector se preguntarán si en esto también han tenido mucho que ver las nuevas generaciones y su mundo online, lo que ha generado que muchas marcas nazcan primero en Internet y algunas ya tengan presencia física, mientras otras están todavía en proceso. Realmente aquí está la clave; es importante saber que ambos canales tienen que convivir, que no es lo mismo estar sólo detrás de la pantalla que poder ir también a una joyería y apreciar la joya, tocarla, probársela…

Un error es pensar que un canal está perjudicando al otro; la solución entonces reside en abrir los ojos y concienciarse que esto no es así, que ambos son posibles, deben serlo y las nuevas generaciones aprecian mucho más de lo que nos creemos un espacio físico, atractivo, que se aleje de lo tradicional y “antiguo”, que permite poder conocer cada joya a la venta, probársela cuando deseen…El primer paso está en confiar también en estas jóvenes generaciones que pueden aportarnos mucho.

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