Compro oro…
Hay expresiones que hablan por sí solas, como “hablando en plata” que es dar valor a lo que se dice, o “vales tu peso en oro”…Todos utilizan nuestros valores, los valores de la joyería, para dar importancia a los suyos o a sus conversaciones.
Todos, todos… menos los que pertenecemos a este sector. No somos capaces ni de apreciar ni de valorar lo que tenemos. O al menos un cierto sector que ha llegado de fuera y con el único ánimo de la especulación. Me refiero a muchos de los que se dedican a la compra de oro.
¿Hay expresión más negativa que decirle a un cliente que quiere vender sus joyas, frases como que “las piedras no valen nada”? Qué poco inteligentes, qué poco profesionales y qué poca vista tienen para proteger lo que da de comer a “la joyería”.
¿No sería más inteligente decirle algo como “En nuestras actuales circunstancias, sólo podemos valorarle el oro, las piedras no tienen en nuestro negocio mercado de segunda mano, pero son valiosísimas, consérvelas y hágale otra joya a su hija, nieta, o guárdelas para cuando se puedan valorar”? Cualquier frase optimista es mejor que la pesimista.
Hay que hacer docencia en el sector, hay que convertirse en verdaderos psicólogos si no queremos ver agonizar el negocio. Y la verdad que en estos momentos todos somos conscientes de que hay muy poca formación y profesionalidad.
Recordemos que nuestro sector ha de transmitir siempre sentimientos que sean captados por todos los sentidos, vista, oído, gusto, tacto, olfato… A la hora de comunicar hay que hablar lenguajes acordes a los tiempos que vivimos. Son tiempos difíciles, yo diría más bien diferentes.
Tengamos en cuenta que el mercado está dispuesto a consumir todo lo que está dispuesto a pagar. Tenemos que ser ágiles y buscar nuevas respuestas para nuevos desafíos, hay que tener capacidad competitiva.
Hoy falta a nuestros profesionales “agilidad”. Necesitamos tener la verdadera dimensión para competir. Hoy hay un cambio rápido en el comportamiento de los consumidores.
La materia prima más necesaria en el nuevo milenio es la información, recordémoslo siempre. Yo creo que el principal fallo está en el factor humano. Tenemos que dejar de pensar en lo que mi producto necesita y pasar a pensar en lo que el consumidor quiere.
La función de una joya no es llevar valor encima, sino llevar satisfacción, tranquilidad, comodidad… El valor de una joya no sólo se mide en términos financieros, sino que está el valor añadido del diseño aportado, el trabajo volcado en ella, el cariño puesto en la venta. Y a la joya hay que darle valor en la venta y en la reventa.
El consumidor tiene que recibir la información total del producto. El certificado de un diamante no nos dice el valor de una piedra, sino su composición y por ella vale el precio que le ponen. La joya es un sueño y el detallista ha de saber revelarlo.
Algunos proyectos que se están asentando ahora en nuestros mercados, como el de CIRCA, entienden y aplican esta filosofía. Tasan una joya como debe tasarse, no por su peso en oro decididamente. Lo hacen por su hechura, momento y circunstancia en la que fue creada, marca, valor de las piedras… Por su “todo”.
Y así CIRCA logra que esa joya tenga una segunda vida en manos de unas segundas manos que saben apreciarla en su totalidad y complejidad. En CIRCA también son líderes de venta, no sólo de compra. Y son líderes en que el consumidor entienda que cualquier gestión o transacción que se hace con una joya es un acto de glamour, porque eso es la esencia de la misma.











Enhorabuena, un buen articulo con grandes intenciones, que ojalá lo sigamos todos los que nos dedicamos a esto. Un abrazo, proponiéndole que siga así. siendo positivo y sin perder el rumbo, a pesar de las circunstancias, Fran Dorela.