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La pluma de Pedro Pérez

El nuevo trabajador en la era digital

El mundo analógico y el digital han de ir de la mano ahora.

La revolución industrial trajo consigo la especialización, parecía que cada operario era parte del engranaje de una máquina. Las habilidades de cada uno la hacían más eficiente.

Todo esto lo cambia la nueva era. Hoy se valora más la disposición a ejercer varias tareas a la vez o la adaptación al cambio constante, eso se llama multifuncionalidad. Hay que demostrar que se encaja perfecta-mente en las necesidades del momento.

La aportación y contribución al trabajo ha de forjarse desde diferentes perspectivas. Tenemos que ser polifuncionales, pero esta tarea no se hace en un click. Se requiere ambiente laboral para adquirir conocimientos no aprendidos en la facultad. Equipo de trabajo que transmita y comparta conocimientos.

Hay que tener capacitación previa y apoyarse en las distintas áreas de trabajo. Hay que entender que, a la vez que el trabajador adquiere mayores competencias y conocimientos, la empresa tiene un colaborador que es capaz de asumir diferentes responsabilidades y aporta más riqueza a cada proceso. La persona se siente más motivada y útil, y su grado de satisfacción va en aumento.

Y todo ello en un entorno en el que lo analógico y lo digital han de ir de la mano. Hay que sacarle el mayor partido a la tecnología, y esta nos está proporcionando algo hasta hace poco impensable, la libertad de movimiento. Hoy en día se practican trabajos a miles de kilómetros de la empresa madre o matriz sin menoscabo de los resultados. Al contrario.

Lo mismo ocurre detrás del mostrador. También han cambiado los códigos. El nuevo “dependiente” se convierte en el asesor que empatiza con el cliente que hace mucho ya espera de los establecimientos algo más que productos y sus presentaciones.

Los minoristas pueden posicionarse con éxito en un entorno copado por Internet apostando por el multicanal y viviéndolo, no dándole la espalda. El protagonismo recae en la personalización y el asesoramiento de los clientes, con una nueva interpretación digital.

Como explicaba el reciente estudio divulgado por el salón milanés Homi acerca de los gustos de los millennials, la mayoría de los jóvenes no planifican sus compras de joyas antes de tiempo, sino que tienden a comprar los artículos que les llaman la atención por impulso al entrar en una tienda. Y aunque vean y evalúen en línea, las boutiques especializadas les aportan la confianza en el producto. El personal del establecimiento juega, por tanto, aquí un papel esencial.