Entrevistas

José Marín, obsesión por el titanio

José Marín presentó por vez primera, en 2012, una colección hecha en titanio, oro y gemas en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí.

Soy un orfebre del titanio, y de esta idea nació un concepto con el que me identifico: TitaniumGoldsmith. Me inspiro en el Mediterráneo para crear joyas coloridas y sensuales hechas a mano donde combino el titanio o ‘timascus’ con oro, plata, diamantes y piedras preciosas. Me fascina el color, el metal forjado y la naturaleza como base de inspiración para la creación de mis piezas”.

A este valenciano con dilatada experiencia en el sector siempre le han gustado los retos y riesgos. Así se embarcó, años hace, en el titanio, y en ello continúa. Tuve el placer de conocerle personalmente en la primera edición de Melting Point, el encuentro internacional de joyería contemporánea de carácter bienal organizado por la EASD, Escola d’Art i Superior de Disseny de Valéncia. Corría entonces 2012, es decir hace ya siete años. En el marco del evento, José Marín presentó por vez primera una colección hecha en titanio, oro y gemas en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí. Me gustó su obra y la forma de plantearse el oficio. La inquietud que transmitían sus ojos, la fe en lo que hacía. Congeniamos, y no solo por el apellido. Luego se presentó en Inhorgenta, Munich, y de ahí al mundo…

Desde entonces continúa su aventura en el arte de domar a este material tan complejo. El titanio es duro, tenaz y no se amolda con facilidad al capricho creativo. Para Marín es cuestión de tenacidad, “saber hacer”, amor por el oficio y pasión, mucha pasión, por lo que se te resiste. En esta lenta andadura ha ido forjando sueños y piezas maravillosas. Y no se cansa de innovar.

Lo último, el damasco de titanio (Titanium Damascus) o “timascus”. Es un material innovador -de hecho, fue patentado en EE.UU. en 2005-, resistente a la corrosión y liviano, compuesto por dos o más aleaciones de titanio. Afirman sus creadores que tiene el aspecto hermoso y exclusivo del acero de Damasco sin ninguna de las desventajas del mismo. Así explican sus “padres”, Tom Ferry, Bill Cottrell y Chuck Bybee, artesanos cuchilleros, el proceso: “Se fabrica colocando láminas de estas aleaciones a modo de sándwich en una caja de metal rellenada con gas inerte y aplicando calor y presión para que las dos partes formen un único bloque. Luego se graban profundos canales en la cara superior por medio de brocas especiales, permitiendo así que las diferentes capas queden a la vista, y por último, el bloque se prensa y se lamina dándole un aspecto de betas de madera”.

Continúa Marín: “Para conseguir el color, el material base se somete a un proceso llamado anodizado en caliente que incrementa el espesor de la capa de óxido en la superficie de las piezas metálicas. Esto facilita la aparición de unos patrones de color muy sugerentes que dan a las piezas personalidad y carácter.”

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